Reflexiones acerca del Norte de mi Cuba

Se dice que allá en Cuba no hay norte ni sur. No parecen existir los puntos cardinales. Se habla de las mismas vicisitudes en ambas esquinas de la isla, se baila el mismo baile salsoso, las mujeres venden su sexo con igual tenacidad, hay la misma carencia de pan y leche, los hospitales están igual de descontinuados, cada quien sufre igual nivel de igualdad: (todos igualmente miserables). De San Antonio a Maisi, todo igual.

Hasta la naturaleza se ha dado cuenta de eso. Un huracán se lanza hacia la Habana y quizás no arrase allá en Oriente, pero todos en la isla lo esperan con la misma aprensión. Todos pasan por la lluvia y se concentran en el ojo del ciclón como quien se concentra en la pelota en el juego de tenis. Y pasa como pasa en la cancha, te posicionas a la izquierda pero un habilidoso jugador del otro lado de la net, como por arte de magia te lanzo pelota hacia la zona derecha. Y ahí mismo cae el ciclon en Camaguey, no en la Habana.

Realmente, no hay puntos cardinales en mi isla, porque no hacen falta.

Excepto uno. El Norte. Alla donde viven “los señores imperialistas a los que no los tenemos absolutamente ningún miedo”?. Si, el enemigo junto a todos tus amigos:

Y tu hijo mayor? Se fue pal norte. Que se sabe de Estercita? Se tiro en una balsa y se fue pa’l norte. No se sabe de ella. Y esa blusa tan linda? Me la mando mi hija del norte. Y que tu buscas Zule? Yo? Un yuma pa casarme e irme al norte.
Todo es el norte.

Para los que vivimos en la isla, es como si fuéramos el eje de la tierra y solo sabiendo donde es que esta el norte ya encontramos ubicación.

Pero todo eso de la buena ubicación cambio un día, que en algún momento de la historia, el tornillo de la base de la isla que nos une a la plataforma cedió, empezamos a giramos como agujas de reloj incesantemente sin saber cuál es nuestro verdadero norte. Y todo el que no era amigo se convirtió en enemigo. Y lo peor es que el norte hoy nos queda alrededor de nuestras cabezas, por todo el mundo.

Esta el norte de los pandas, el noroeste europeo, el norte ruso (un viejo amigo que nos traiciono), el norte de los pingüinos argentinos, el norte de las jirafas y el norte de los osos polares que comienza en Miami y termina aquí en Canadá, donde, vine a caer yo.

En el Norte, porque todo es Norte para Cuba y mientras sea norte los cubanos van para alla.

No es fácil irse en balsa al norte y es difícil viajar de cualquier otra manera. Hay que vencer el movimiento centrífuga poderoso de una isla que te vuelve loco, te marea, te embrutece, de embelesa, te consume.

No se si fue Dios o el efecto de Panguea quien tuvo la luz larga y dejo salirse una peninsulita de la masa gorda e importante de aquel norte. El Miami tan preciado por tantos como salida. Como destinacion. Pero nos separa el agua. Allá llegan los que no los mata el sol o los que no se los comen los tiburones durante la trayectoria. Algo así como si los balseros sufrieran una pura selección natural a lo largo de su viaje. Llegan los duros, los más resistentes pero todos van con igual toneladas de deseos de escapar el peor embargo de la historia: Fidel Castro.

La Cuba del mundo entero

Y como nuestra isla gira y cada quien que se va al norte cae en un norte diferente. Hay cubano en Katmandú, en Lubilijana, en Timbactu, en Fiji, en Sceichelles, en Tenerife, en Oawadugu. Depende de la referencia del planeta, en la posición del sol, de la vuelta que dio la isla ese día, de la brújula que rige tu vida, de que familiar te reclama, de que amigo te invita o de que yuma se casa contigo, caes en un norte diferente.

Ottawa y no Miami…

Es elástico Miami. Es un apéndice diabólico y perfecto donde se respira, mas que el mar, la melancolía de mi isla. Deberían hacerle una estatua a esta melancolía pues es la Diosa que realmente veneran los Cubanos en Miami, dia a dia. La tierra donde se agradece lo hallado y se trata de olvidar lo tenido. Mas bien, lo perdido. Pero finalmente todo intento falla. Porque allí es donde uno  lo trata todo para unirse al enemigo, Pero el enemigo seguirá siendo enemigo aunque ya no tenga barba.

Allí es donde el dolor del destierro realmente desmantela.

Yo no me quede en el apéndice diabolico y perfecto. Yo subí escalando por la soga aun más al norte, a la masa gorda y blanca donde se sufre lo mismo que en Miami, con la diferencia, de que además del destierro, el frio pela.

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