Croquetas rascacielos (Amor con dos) – Parte 3 y Final

Inspirada en una historia real, en La Habana Vieja, Cuba

Amanece la Habana Vieja

Ya casi despuntaba el sol por detrás de la ciudad, cuando Mayito escuchó que alguien forcejeaba para abrir el llavín de la puerta. Comprobó que era su hermana cuando la escuchó lanzar la puerta detrás de ella, y tantear su paso a oscuras hasta desplomar el cuerpo sobre su cama.  Mayito sintió ese agrio alivio que él siempre siente cuando su hermana regresa a casa. Y fue ahí que, con Sarita desparramada sobre él, pudo entregarse a lo profundo del sueño.Picture 247

Al caer de a lleno la mañana, la algarabía en el solar delató que ya la luz había venido. Noticias y consignas rajaban las bocinas de los muchos radios rusos. Cubos de agua metálicos caían contra las lozas de los cuartos donde vecinos ya limpiaban sus casas. Madres amenazaban a sus hijos que si llegaban tarde a la escuela les rajaban la cabeza en cuanto se enteraran. El cobrador de la luz llamaba uno a uno los nombres de los 50 y pico propietarios desde los bajos del solar. Bebés lloraban.

Pero en el cuarto de Mayito todos aun dormían. Fue el ruido de sus propias tripas lo que finalmente despertó a Sarita. Ella se quedó quieta por un minuto con los ojos fijos, mirando al techo, como quien necesita no ver nada antes de salir a verlo todo. Se estiró un poco, bostezó y suspiró como el que diera todo por saber que se esconde entre los signos de interrogación que bordean su semana.

La sensación de sentirla despierta despertó a Mayito. Al verla despierta pero pensativa presintió que él podría adivinar lo que ella pensaba. Supuso que Sarita no estaba satisfecha, pues no había podido disfrutar a lo que vino.  Y como si en tal vapor la telepatía se hiciera más intensa, la idea que suponía Mayito le entró a Sarita a la cabeza. Ella se preguntaba donde habría dormido Jiro.130304_8264

El hambre venció sobre las ganas de expresar lo que sentía. Y un relámpago en sus tripas levantó a Sarita de la cama. Comentando en lo rendida que se veía la hermana de Mayito, metió sus caderitas de regreso en el apretado short mezclilla.  Regresó a su empegostada piel la blusa amarilla y se abalanzó a donde Mayito a darle un beso de despedida. El verla abrir la puerta e irse sin decir palabra delató que en su mente tan siquiera entretenía lo que Mayito deseaba de ella.

Sarita bajó las escaleras del solar y preguntó por Jiro. Ninguno de los vecinos en los bajos lo habían visto. Se dejó llevar por la energía predadora del hambre y decidió alejarse del barrio. Atravesó las calles tratando de arrancar el vaivén de sus caderas pero una especie de desánimo se lo impedía. Pasó por frente de casa de Pipa y se atrevió a desear un pan con croqueta. Pero un instinto anti-caníbal la empujó a la avenida, donde algún carro la llevaría a descifrar la primera incógnita de su semana.

Parada contra el mustio gris de una hilera de casas viejas, su blusa amarilla era el único color que resaltaba. Desde allí, extendió su mano a la calle como perro callejero que extiende el hocico para que lo alimenten, lo cual enseguida provocó un frenazo.

La fachada de la Habana, frente al Malecon - Picture by Jocy Medina
La fachada de la Habana, frente al Malecon – Picture by Jocy Medina

Adentro del moderno carro, un turista Alemán jimagua de Einstein, paralizado en tiempo y espacio ante la porte y belleza con que se había tropezado en la avenida, la invitó a que se montara. Sin pizca de pereza Sarita ella invadió sus vacaciones.  El aire acondicionado del tour enseguida desinflamó sus neuronas y la sonrisa devorante de ella inflamó las del turista.

  • ¿A dónde vamos? – Preguntó ella.
  • Yo. Playa Santa María.
  • Perfecto. – Respondió ella con su mano indicando “vamos”.

Adentrándose el tour al tráfico indigente que contaminaba la mañana del lunes, Sarita planeaba donde pararían a desayunar. Y justo cuando el alemán ponía su blanca mano sobre lo canela de la pierna ella, tocó Jiro a la puerta del cuarto de Mayito.habana vieja 2 by freeimages

Sin ánimos para abrile, Mayito se viró boca abajo con la almuada en la cabeza para no oirlo. Pero como la insistencia de Jiro podría despertar a su hermana, Mayito prefirió ponerse un pantalón y abrirle.

  • Mayi vámonos por ahí a dar una vuelta. – Sugirió Jiro que había notado lo triste que su amigo se quedaba la mañana de todos los lunes.
  • No, acabo de levantarme. – Respondió Mayito poniéndose una camiseta.
  • Tienes que ver la prima de La China. Quiero presentártela que te va a encantar. ¡Esta buenísima!
  • ¿Por qué te fuiste anoche, acere? – Preguntó siguiendo a Jiro que ya bajaba las escaleras.
  • Me fui a dormir con La China que pone la vida de cualquiera buena.
  • ¿Pero por qué, acere?
  • Porque las mujeres son como las botellas de agua: frías por dentro y plásticas por fuera, adema, que hay muchas. – Respondió Jiro.
  • Como las botellas de agua eh…
  • Si, todas iguales acere. Idénticas.
  • Pero a mí me gusta ella. – Dijo Mayito.
  • Ya lo sé Mayi. Por eso me fui. Pero Sarita no está para ti, ni para nadie mi hermano. Ella está para sus gustazos y sus extranjeros y ya está.
  • ¿Cómo hago? ¡si me gusta!
  • Como con las botellas de agua, cuando se te acaba una, te empinas a la otra, y después a la otra, y así refrescas.
  • A ti se te olvida que dentro de esas botellas frías y plásticas hay algo que sin eso no habría vida en el planeta.
  • Y a ti se te olvida que esa botella de agua no es tuya. Y si le sigues atrás te vas a morir de sed en este planeta. ¡Olvídate de Sarita! – Lo aconsejó Jiro, ya caminando rumbo a casa de La China.

Lee Parte 1 y Parte 2 del cuento.

Parte de la compilación de cuentos “Habana en Especial”

Por Jocy Medina para Un Pedacito de Cuba

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