Habana Dura (16): Habana cruel (Contenido sexual, violento)

(No lo leas si eres sensible) … Del cuerpo de María chorreaba tanta agua que en la entrada del edificio, ninguno de los hombres detuvieron el juego de domino para verla entrar, notaron sus lágrimas.

  • ¡Mamita, ven que yo te seco! – Le dijo un viejo que fumaba.
  • Oye cosa rica, yo tengo una toalla calentica ahí en mi cama. – Le dijo uno menos viejo a la vez que mordisqueaba su tabaco.

Los otros dos también dijeron algo, pero ya en el segundo piso María no los escuchó. De ahí en adelante, el temblar de sus rodillas hizo cada escalón parecer mucho más alto que el anterior. Ya en el tercer piso María casi se desploma cuando, al tocar la puerta, fue Sandro quien le abrió.

  • ¡Pero mira quien regresó a la flor de mi calabaza! – Dijo Sandro al abrir la puerta y ver a María.
  • Permiso Sandro. – Dijo ella bajando la mirada.Una sonrisa esquinó la boca de Sandro al verla entrar y la alegría cubrió el resto de su rostro al verla ir chorreando agua rumbo al cuarto de ella.
  • ¿Quieres darte un trago con tu tío? – Dijo Sandro cerrando la puerta de la casa.
  • Tú no eres mi tío. – Respondió ella cerrando la puerta de su cuarto que de tener pestillo los hubiera cerrado también.
  • Al ver que María no le abría el entró. “¿Pero se te olvidaron las reglas, sobrina?”. De un jalón Sandro le arrancó la colcha. María se sentó en la esquina más pegada a la pared de su colchón pensando si sería la hora justa de aceptar un trago de ron, echarle Guao y envenenar al tío.
  • Un trueno hizo saltar al edificio, pero la fuerza que había tomado la lluvia no dejó que ningún vecino escuchara a los demás gritar. María no gritó pero quería hacerlo, porque escuchaba que Sandro tocaba firmemente a la puerta de su cuarto. “11 de la noche Mariposa, justo como te lo pedí”. Dijo Sandro.
  • María se quitó la ropa y se puso un vestido que traía en su bolsa, un tanto menos encharcado que el que traía puesto. Se metió bajo su colcha tan áspera como el miedo que rallaba su piel, deseando que Sandro la dejara dormir en paz.
  • Sandro caminó sobre el rio de agua que María dejó para alcanzar el vaso de ron que esperaba por el sobre la mesa.
  • Si quiero ron – Le dijo antes que Sandro diera un paso más.
  • Así me gusta. – Respondió Sandro extendiéndole el vaso que traía en la mano.María se tomó lo que quedaba de ron mirando directo a él y mucho más directo dijo “tráeme más pero échale refresco de Cola, que hoy vamos a celebrar”.
  • Así me encanta. – Dijo Sandro regresando de la sala con un vaso de ron.  El olor de María inundaba las ganas de Sandro, hasta en la cocina la podía oler. Otro trueno asustó a María que ya tenía en Guao bajo su almuada, pero a sabiendas que ella no tendría valor de hacerlo, se mandó a correr. No había ni siquiera llegado al baño cuando Sandro la sintió correr y sus robustos brazos la engramparon por la espalda. Por mucho que María forcejeó para soltarse, Sandro eran una camisa de fuerza alrededor de ella. “¿Por qué te vas María si ya te preparé tu ron?” Dijo Sandro al oído de ella. María pataleaba dentro de los triturantes brazos de Sandro, pero sentía que Sandro movía su cuerpo lentamente en dirección al cuarto de él.
  • El refresco de cola escondería lo verde del Guao, que aun no había podido convertir en polvo. Pero después de su primer buche, María lo iba a matar.
  • ¡Tienes mala memoria María! Hay que respetar las reglas. Yo no te dije que antes de ir a dormir había que pasar por mi cuarto a regalarme tu cuerpecito.

La lluvia sobre la madera no dejaba que los gritos de María salieran de la casa. Y en cuanto calló a la cama era difícil hasta gritar, pues su espalda había quedado prensada entre Sandro y la cama. A veces una mano salía de entre las dos de él para tratar de golpear a Sandro pero prontamente la mano regresaba a ente las dos él. Sus rodillas quedaron presilladas entre las rodillas de Sandro y el costado de la cama. Sus pies tocaban el piso, y su alma también.Lo poco quedaba entre ella y Sandro era un blúmer que una mano inmensa ya se lo bajaba.

  • Sandro suéltame, no te da vergüenza. – Dijo María.
  • ¿Vergüenza? Tú eres la que regresaste, a ver quién es la sinvergüenza.
  • Regresé porque no tenía a donde ir. – Dijo María
  • Regresaste porque tu tío te gusta, descarada. Tú crees que yo no lo sé.

La mano de Sandro buscaba aún sin decidirse por cual de los huecos de María comenzar. El próximo grito de María fue al sentir que Sandro barrenaba en un hueco a donde nadie nunca había entrado. Rajaba su garganta sentir que todos los pliegues de su cuerpo se rompían por el camino que había tomado él. Los ojos de María se apretaron al mismo ritmo con que él la inmovilizaba del dolor. Anchando lo tenso de sus adentros, Sandro la violó.Al venirse, desplomó su gigantez sobre un cuerpo exhausto que no se movía.

Respiraba detrás de los oídos de María como dragón que acaba de regalar el último soplo de candela y no tenía más de donde salar. Un aliento hirviente susurró al oído de María “no sabes lo que tú me gustas sobrinita”.María rompió en llanto debajo de Sandro y él se le quitó de encima. Mirando lo roto del cuerpo de María, Sandro le advirtió que al próximo día Belinda no trabajaba, pero al día siguiente podían volver a celebrar.

Al ver que aun así lo roto de María no se componía, Sandro la levantó y la llevó a su cuarto, advirtiéndole que después de celebrar no podía quedarse a dormir con él porque en unas horas Belinda llegaría.Al Sandro irse María corrió a la ducha, el agua mucho más fría que sus lágrimas calmó los desgarres que Sandro acababa de causar. Nada alivió los de su alma. De regreso a su colchón sintió que la Habana la había masticado, hecho digestión, y defecado en el medio de su calle más transitada. Desde allí ninguno de los truenos de la noche le pareció más fuerte que la culpa que sentía por lo que pasó.

Guardó el Guao en su bolsa, y pensó que quizás, en cuanto tuviera un chance lo debía machacar y echar en su propio ron. Supo que serían las 4 o 5 de la mañana cuando escuchó a su tía llegar y dos horas después, creyéndose sin gota de fuerza, su cuerpo le demostró que siempre queda una reserva. Luciano, el italiano de la finca, llegó a su mente como otra posible solución. Ese ápice de esperanza la logró desincrustar de su colchón.

Continuará…

Por Jocy Medinayoung-girl-531252_1280

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5 Comentarios

  1. storm76 dice:

    Otro capítulo increíble … fuertes sentimientos, emociones fuertes, tan vívido para escucharlos, para “tocar” … Gracias a esta nueva perla Jocy.

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    1. jocymedina dice:

      El placer es mío amigo. En esos pedazos dejamos el alma a veces.

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  2. taylorcubano dice:

    Jocy Leo continuamente la novela… Me parece disfrutable y ayuda a pasar el tiempo. Sin embargo pienso que pudieras tener un poco de cuidado con los tiempos en los que únicas cada capítulo pues ya hace algunos atrás leía que ella se identificaba con Micaela de la canción La Conga Santiaguera cuando te podían meter preso por la tenencia de divisas y la canción es de muuuuucho tiempo después. Un saludo y sigo esperando los capítulos de maria mariposa…

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    1. jocymedina dice:

      Gracias Taylor por la grandísisisisima ayuda! Genial tu comentario. En la edición supongo que señalen unos cuantos de esos errores. A la chica en la vida real le encanta esa canción por eso la puse en la audición pero ella no se acuerda que canciones bailo. Tampoco fue una canción. Me dice que fue un proceso largo. Tengo que preguntártelo bien y segura me que todos los detalles jueguen bien cuando la novela salga en libro.

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  3. mauroescuela dice:

    Me encanta tu novela, pienso seguirla leyendo y compartir mi parecer, un beso en la distancia virtual.

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