Habana Dura (31): El misterio de casa de Nieves

María siguió el rumbo que recordaba llevaba a casa de Nieves. La reja estaba cerrada, así que gritó su nombre desde afuera. Como nadie la escuchó, la volvió a llamar. Y antes de desistir, la llamó lo más alto que su voz le dio.

  •  ¿Mima, cuál es la bromita de mal gusto? – dijo desde el techo una mulata en extremo flaca, agarrándose los rolos para que el viento no se los desordenara.
  • Yo soy amiga de Nieves. ¿Ella está? – preguntó María

El viento azotaba el batilongo ancho de la flaca, dejando ver los blúmeres a quien pasara. Pero la flaca, indiferente a eso, miraba a María de muy mala gana pensando que le debía responder.

  • Mima, Nieve era mi mamá, y hace dos años que murió. Mal rayos parta al que esté haciendo esta bromita.
  • ¿Cómo? Yo entré a esta casa hace dos meses, ella misma me mandó a pasar.
  • La oficina de la vivienda tiene eso allá abajo clausurado desde que ella murió. Hay problemas de papeles y me la quieren quitar. Ahí no ha entrado nadie en mucho tiempo. Y al que anda mandando gente con este chistecito dile que por favor respete a los muertos.

María quería asegurarle que nadie la había enviado. Que había visto la muñeca negra, yemayamaracas verdes y que ella había dejado 40 pesos debajo del teléfono. Pero la flaca ya se había dado vuelta y no le pudo explicar nada. María se alejó chequeando una y otra vez la casa, preguntándose si se había equivocado. No recordaba si la casa tenía planta alta o no. Y en aras de no admitir que estaba loca, terminó por aceptar que los muertos de la Habana eran gente en extremo serviciales.

Pensaba que ahora le tocaba recuperar su fe en los vivos. Brincaba los huecos de las calles ya con menos genios, como si los deseos de darle gritos a Camilo hubieran pasado a un estado de inmenso agradecimiento.

Camilo había metido preso al hombre que no solo abusó de ella, sino del amor inmenso que de su tía Belinda sentía por él. Sintió deseos de hablarle a Camilo y darle las gracias por el regalo que le acababa de dar. Y como si la vida le quisiera demostrar, por partida doble, que hay material de ángel en algunos vivos, queriendo cruzar una avenida, un hombre de un pelo largo canoso, muy bien cuidado, tiernamente amarrado en una cola de caballo, le preguntó a María “Oye, ¿cómo te ha ido en eso de vivir?”.

María lo miró y de todo su porte solo los ojos le parecieron conocidos. Pero no le respondió. Su pie ya tocaba la avenida cuando un: “Yo te salve la vida” la hizo voltearse otra vez.

  • ¿Tú quién eres? – le preguntó ella.
  • El mes de agosto. El mar. Olas altas. Un borracho. Una chica ahogándose. Un banco.
  • ¿El desahuciado?
  • No. El ex-desahuciado.
  • ¡Pero qué bien te ves!
  • La vida te rompe en pedazos para cuando te armes logres la versión mejorada de lo que eras antes.

  • Bastante mejorada tu versión. Eres una persona diferente.
  • Regresé con mi mujer, vivo con mis hijos, ya no bebo, y pronto volveré a ser papá.
  • ¡Ay, felicidades!
  • Si más no recuerdo cuando me fui tenías algo que decirme.
  • Quería preguntarte por qué me habías salvado, pero ya no. Hoy solo te doy las gracias.
  • Por nada. Pero te advierto, cuidado con los pedazos que recoges. Algunos son del pasado, y la versión mejorada, no los lleva.
  • Lo tendré en cuenta. Gracias. Una y mil gracias otra vez.

María cruzó la calle sabiendo cuál de los pedazos de su futuro no llevaría. Hacia adelante se veía conquistando a David, sin la ayuda de fantasmas. En los bajos del edificio, el intenso olor a tamal la hizo doblar a casa de la chica que los vendía. Una muchacha joven que caminaba con la misma ricura de su sazón. “Están repleticos de chicharrón”, le dijo. Y con ese anuncio María invirtió seria cantidad de sus propinas para comprar diez tamales.

Belinda tomó un receso de llorar para comer tamales con María. Al verla, con un poco más de color en los cachetes, María se convenció de que la prisión era, para todos, la mejor forma de tener a Sandro lejos.Elisafox in Freeimage - copia

Mientras tanto, David quería a María cerca. Y como ella advirtió que fuera en cuanto la extrañara, esa misma noche se montó en su carro y la fue a ver. A los tamales de la de los bajos por poco se le caen los chicharrones al ver a David pasar. “La del 4” que estaba en su balcón no podía creer la clase de hombrón que se había bajado de un carro frente al edificio. Al ver que venía entrando al edificio, se bajó bien la blusa dejando ver su glorioso escote, y corrió a abrir la puerta de su casa para intersecarlo al pasar.

  • En que puedo servirte, mi rey – le dijo “la del 4” al verlo pasar.
  • Busco a María, en el apartamento 6 – le dijo David
  • Pues ahórrate escalones que todo lo que tú buscas está aquí en el 4, mi amor.

David aún se reía cuando llegó al apartamento 6, y al Belinda abrirle la puerta en vez de “a quién tú buscas”, le preguntó “en qué tienda se había comprado esos ojos”

  • No los compré, señora. Son míos – respondió David – Usted debe ser la tía de María.
  • ¡Ay, pero que mango, qué suerte tiene esta muchachita! A ver, mi niño, ella no está pero entra. Me dijo que iba a la escuela a averiguar de su próximo proyecto. Ella es bailarina de Tropicana, ¿tú lo sabes?
  • Si yo sé que bailó allí. ¿Ella no le habló de mí?
  • Bueno, para serte honesta ella vino hoy y solo hablamos de mis grandes tragedias. Me hizo tan bien tenerla aquí conmigo. Pero ahora que me doy cuenta no le pregunté nada sobre ella. Espérame aquí, que le acabo de hacer batido de mamey a María para cuando regrese, es su preferido. ¿Quieres un poquito?
  • Belinda le trajo un vaso, pero se lo quitó de las manos en cuanto vio la cara de tortura que ponía David tratando de tragarse el batido de mamey.
  • ¿Cómo es eso, no te gusta? – le preguntó Belinda.
  • Muy dulce. Muy espeso. Un sabor intenso. No sé.
  • La tía regresó aclarando su garganta como quien quiere interrumpir.
  • Belinda se reía de las caras que aún hacía él. Él casi se iba pues María no llegaba, pero una gran algarabía que se desató en los bajos del edificio hizo a los dos correr al balcón para ver. Era una bronca entre vecinos. Según las palabrotas que volaban la gorda de los bajos protestaba porque la mulatica de los tamales metía a su marido en su casa por las noches. Cuatro hombres trataban de zafar a la gorda de los pelos de la mulatica cuando la hija de la gorda salió de casa de la mulatica con los treinta tamales que tenía en la mesa de la sala, y los tiró todos al medio de la calle. Los tres o cuatro hombres soltaron a la gorda y fueron a recoger tamales. La hija de la gorda agarró un tamal y se lo escachó en la cabeza a la mulatica. David y Belinda no se perdieron ni un detalle de la bronca, pero casi se caen del balcón cuando detrás de ambos vino María y dijo: ¡Y ustedes ahí que hacen! Luego del saludo, Belinda pidió permiso para ir a los bajos a ver si quedaba algún tamal por recoger. Y todo el tiempo que Belinda se tomó buscando tamales, duró el beso que María le dio a David.
  • Creo que no es un buen partido para ti, María. ¿Tú puedes creer que no le gusta el batido de mamey? – dijo Belinda en broma.
  • Es que él es un batido de mamey, tía. Denso, dulce y a veces frío, quizás por eso me gusta tanto.En cuanto los besos y las bromas se lo permitieron, David le dijo a María a qué había venido.
  • Sherlock se va en unos días, y quiero llevarlo a un paseo a Trinidad. ¿Quisieras venir con nosotros?
  • Me encantaría, pero me acabo de comprometer con un show en el Hotel Inglaterra, donde la estrella principal seré yo.

Continuará….

HavanaDura_Prelaunch v2Lea ésta novela cubana, una novela de amor duro.

 Habana Dura  relata las aventuras y desventuras de una holguinera que huye a la Habana a hacerse mujer, sin imaginarse cuán difícil la Habana se lo haría. Explora la sexualidad de una joven cubana, que buscando hacerse mujer pierde a borbotones su inocencia. Explica como funciona las relaciones en Cuba, como conquistar una cubana, y cuanto trabajo se pasa para que en relaciones entre cubanos y extranjeros, venza la confianza y el amor. Es un retrato de Cuba en los 90s, pero los pasajes son también un paseo por la cultura cubana en la actualidad. Es un homenaje a una idiosincrasia donde solo a golpe de amor, rabia, ron, sexo y mucha picardía, se sobrevive. Una oda al arte del cubano para a pesar de las piedras que tira la vida, siempre salirse de un problema, victorioso.

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