Habana Dura (36): Nunca están lejos los que quieren verse

María bailó su primer set con el recuerdo de David clavado en su espalda, y cada vez que Rogelio aplaudía gritando su nombre, era un puñado de sal que caía en sus heridas. Y como en tiempos de flojeras los pensamientos flojos reinan, tan pronto llegó el intermedio del show María fue a ver a Rogelio a su mesa.

  • Vaya que sorpresa, es mi última noche en la Habana y qué bueno fuera que una linda bailarina me la hiciera especial. Yo le pago.
  • Tú le pagas cuánto – respondió María.
  • Me dijiste unas 100 libras, que tal 5 dólares la libra.
  • ¿Qué tal 10?
  • ¿$1000 dólares? Vamos, bonita ¿más cara que el jamón serrano?

La mirada de María sin armas para rebatir la oferta indicaba que la aceptaba. Pero una mulata que llegó a la mesa y se sentó justo al lado de Rogelio le robó el chance a la voz de María de confirmárselo.

  • ¿Qué haces Rogelio, contándole a la chica la clase de noche que tuvimos ayer? – dijo la mulata.
  • Bueno, ya me voy – dijo María levantándose.
  • María – la llamó Rogelio – después del show, aquí te espero, bonita.

Durante el próximo número María y otras cuatro chicas, brazos en alto, bamboleaban sus faldas cortas de espalda al público al ritmo de una canción que tocaba la banda del show. Confirmando que había hecho una magnífica elección Rogelio le pidió a la mulata que abandonara su mesa. La mulata se fue, pero no para su casa. Fue al camerino a esperar a María para arrancarle todos los pelos de su cabeza. Entre cuatro bailarinas y dos músicos de la banda desengancharon a aquella dragona del pelo de María. “Si te veo con Rogelio te voy a matar guajirita de mierda. Ese yuma es mío”. Le gritaba la mulata a María mientras seis personas la sacaban del camerino.

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Al final del show, María calculaba que con la suma que Rogelio ofrecía, ella podría comprar el Hotel Inglaterra con todos sus turistas adentro. Pero en esos momentos el dinero sería para, como Cindy, irse bien lejos de la Habana. A esa ciudad no le quedaba pedazo de ala que romperle, y así, ¿quién puede “volar”?

En el camerino, Kendra notó la lentitud con que María se cambiaba.

  • Tienes miedo salir de aquí.
  • Tengo miedo de lo que pasará de mí si no salgo.
  • ¿Pero, niña, y ese drama qué cosa es?
  • No sé. Es que parece que a veces para sanar hemos de destruirnos totalmente. Mira, en mi vida yo no he vendido ni un mango, y esta noche voy a vender mi cuerpo.
  • Yo nunca he vendido mango y vendo mi cuerpo todas las noches, te aseguro que da más negocio que vender mangos.
  • ¿Cuánto cuesta la noche?
  • Depende, yo pido 50 – dijo Kendra.María no le dijo que un español le había propuesto diez veces eso por una noche con ella.

Ver salir a Kendra le dio el incentivo para apurar el proceso de peinarse, y terminar de vestirse, dispuesta a buscar a Rogelio en el salón para aceptar la oferta.Al abrir la puerta una conocida voz le dijo algo que antes había oído.

  • Nunca están lejos cuando dos quieren verse.

Estaba oscuro, pero por el olor era David.

  • ¡Ay, Dios mío qué susto! ¡David! – dijo María dando un salto atrás primero y uno adelante después para darle un abrazo.

En la luz de la terraza, a pesar de lo alegre de la canción que aún tocaba la banda, vio cuan hábil el azul-herido de los ojos de David fingían un azul-confidente. Ya en el carro la música no dejaba que ninguno de los dos hablara. La velocidad a la que David manejaba impedía desatender el tráfico. En Siboney, detrás de las rejas donde esa tarde María golpeó al guarda, David le pidió que fuera directo a esperarlo en la sala. Ella quiso hablarle y él le dijo que no la había traído a eso.

David la separó del abrazo que ella le dio mucho antes que ella buscara sus labios para darle un beso. Ella no veía que azul pintaban sus ojos, pero escuchó que su voz se pintaba algo solemne cuando le pidió que lo siguiera a su carro.

  • Si no quieres hablar, entonces para que me trajiste a tu casa – le preguntó ella.
  • Para romperte María. Para aliviar mi dolor con un poco del tuyo.

Las manos de María descendieron a la misma temperatura de la respuesta de David. Lo vio irse al fondo de la casa y la asustó cuando de pronto escuchó una música que hizo vibrar todos los cristales de la casa. Era una especie de música electrónica pegajosa pero enfadada. Ella, que había pensado había explorado los puntos más flojos de su noche, se sorprendió al sentir cuán débiles flaqueaban sus rodillas.

  • ¿David, podemos hablar? – le pidió María cuando lo tuvo de regreso de donde nacía aquella música.
  • No te escucho – le respondió, con unos de sus dedos pidiéndole a María que lo siguiera.

Continuará…

Por Jocy Medina

HavanaDura_Prelaunch v2Lea ésta novela cubana, una historia de amor duro.

 Habana Dura  relata las aventuras y desventuras de una holguinera que huye a la Habana a hacerse mujer, sin imaginarse cuán difícil la Habana se lo haría. Explora la sexualidad de una joven cubana, que buscando hacerse mujer pierde a borbotones su inocencia. Explica como funciona las relaciones en Cuba, como conquistar una cubana, y cuanto trabajo se pasa para que en relaciones entre cubanos y extranjeros, venza la confianza y el amor. Es un retrato de Cuba en los 90s, pero los pasajes son también un paseo por la cultura cubana en la actualidad. Es un homenaje a una idiosincrasia donde solo a golpe de amor, rabia, ron, sexo y mucha picardía, se sobrevive. Una oda al arte del cubano para -a pesar de las piedras que le tira la vida-, siempre salirse de un problema, victorioso.

En el blog leerla es GRATIS. Pero eres de los que gusta tocar, oler, y abrazar los libros, la novela saldrá en libro en Junio 2016.

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