Habana Dura (41): Huyendo a Italia

Un ramo de flores esperaba por ella en Roma. Y todo dejó de parecer mentira cuando detrás del ramo de flores vio al hombre que la había invitado a volar y no metafóricamente, fuera de Cuba.

Tocar tierra ajena y comenzar a extrañar la suya sucedió al unísono. El olor del café que Luciano colaba en las mañanas la transportaba a Buenaventura, a las mañanas en las que ir a la cola del pan era su única opción para salir de casa. Más nada se parecía a Cuba. El barcito entre el cuarto y la cocina escondía un refrigerador que tenía jamones, quesos y aceitunas con que matar el hambre del día. La cocina tenía demasiados botones para aprender a cocinar en ella.

Luciano trabaja todo el día y ella esperaba por él. Pero había días que las blancas paredes del apartamento la abrazaban como camisa de fuerza en un hospital mental. En la noche, él la llevaba caminar, a veces a comer, nunca a comer pizza.

Donde quiera que ella iba extrañaba a Cuba, pero se conformaba con saber que Italia ponía distancia entre ella y sus tragedias. Pensó que quizás ser feliz en otro mundo significaba llevar lo mejor del mundo viejo al nuevo. Pero, según Luciano, en Roma no había mameyes para hacer batido y a su edad, las noches no eran para ir a bailar a discotecas.

Luciano no tenía amigos, solo conocidos del trabajo y todos tenían algo en común: se referían a todo lo italiano como lo mejor del mundo. Según ellos, sus bodegas vendían los mejores jamones de la tierra, sus restaurantes servían la mejor comida, sus vineras ofrecían los mejores vinos. Ninguno había viajado el mundo para respaldar lo que decían. Algunos habían ido a Cuba y decían que allá pasaron las mejores vacaciones de su vida. A María le costaba discernir si los italianos eran apasionados o arrogantes.

Con el tiempo, María recordaba a La Habana menos cruel, a los habaneros menos ásperos y a las piedras que le había tirado la ciudad, menos duras. Extrañaba muchísimo su escuela, pero la gran espina de La Habana era el verano, la estación que prometía la ida permanente de su inglés a Kenia. El amor de Luciano nunca logró sacarle esa espina. Quizás porque las espinas de Luciano eran tantas que no lo dejaban ver las de ella.

A veces parecía que lo único que Luciano amaba era su máquina de hacer expreso. Una vez, el trató de enseñar a María cómo usarla para que ella pudiera hacer café cuando él no estuviera pero después del largo curso, María desaprobó el examen final.

  • ¿Tú no tienes una cafetera normal? – preguntó María.
  • Esa es una cafetera normal.
  • La verdad yo con ese robot del 2050 no voy a hacer nunca café ¿Qué tal si me compras café instantáneo?
  • Por tomar esa agua con tierra aquí en Italia piden cadena perpetua.

Al otro día, a la máquina del 2050 le faltaban las maniguetas. María se las había visto con la máquina tratando de hacer un expreso. El fiasco condujo a una pelea, después de la cual María daba todo por poder coger una “botella” a Buena Vista y perderse de esa casa.

  • Qué tal si mañana te llevo a la iglesia más famosa del mundo, La Basílica de San Pedro. Queda dentro del Vaticano, el país más pequeño del mundo – sugirió Luciano para hacer las paces.

A María le dieron ganas de aventarle a Luciano el sopetón más grande del mundo, pero optó por un trago de paciencia. El teléfono sonó y María fue a dormir. Ella sabía que era Alessia pues las noches de Luciano casi siempre terminaban en agonizantes charlas telefónicas con su mujer y las de María, en silencios y desganos.

Al día siguiente salieron temprano del apartamento, tomados de la mano y hasta se besaron en el elevador. Pero, al llegar al primer piso, Alessia estaba allí esperándolos, cámara en mano y le tomó una foto a su marido cometiendo adulterio. Luciano corrió tras ella a quitarle la cámara, pero regresó al edificio con las manos vacías y hormigas en los huevos. “Con esa foto en la corte esa loca me quita hasta el pijama”.

Por el camino al Vaticano, el monólogo de Luciano resultó interrumpible “¡Qué diferentes son los extranjeros cuando están en Cuba!” pensaba María escuchándolo hablar de su pasado, de su futuro y de su divorcio. A mitad de camino puso a Luciano de sonido de fondo y dejó que el bello paisaje indultara su paseo.

Y fue la Capilla Sixtina de la Basílica quien llevó a María de regreso a sus tragedias. Uno de los frescos del techo de la capilla lucía un “hombrazo” recostado, extendiendo el brazo. La postura la regresó al David que extendía así su brazo cuando quería que ella fuese con él a la cama. El brazo de María se extendió al techo como quien acepta la invitación de aquel “hombrazo”.

  • Ese es Adam – dijo Luciano – representa el momento en que Dios lo acababa de crear, justo antes de que Eva lo viera y pecara.
  • No la culpo yo haría lo mismo – respondió María.

A partir de ese momento, para ella, las semanas no cambiaron más los colores. El tono blanco del apartamento ya no daba la idea de un hospital mental sino de un cementerio.

Sus mañanas comenzaban alisando su pelo ante el espejo de Luciano y si cerraba los ojos casi podía oler la lavanda fría con madera en el cuarto de David cuando él se alistaba frente al espejo de su baño. Imaginaba el cuarto de David ya bien empacado para, en menos de dos meses, irse a mirar a un espejo nuevo en Kenia.

David y allá en Siboney, miraba su ya bien empacado cuarto pensando cuán desordenada parecía su vida. Si cerraba los ojos casi podía oler la lavanda fría de María. Imaginaba a María bailando en algún show, con miles de espectadores soñando con llevarla a casa con ellos. Sintió deseos de ir a verla pero esa noche tenía cita con la rubia diplomática que siempre tuvo arte para volar la tapa de los sesos de María. Porque las mujeres no tienen que ver ni oír para saber. Ellas pueden oler el estrógeno que destila una mujer que quiere robarle su hombre. Recordó todos los “carterazos” que María le dio aquel día que vio a la rubia sonsacándolo en la María. Y se tuvo que echar a reír. Pero el vació que dejó ese recuerdo no parecía llenarlo nada. A tal punto que llamó a la rubia e informarle que esa noche no podría ir por ella. Ella noche David necesitaba ver a su bailarina a donde ella bailara, e implorarle que se fuera a casa con él.

Al abrirse la puerta “del 6”, notó que el apartamento de Belinda no olía al jazmín de María, pero así todo, le preguntó con desespero: ¿Dónde baila ella hoy?”. Belinda repitió la pregunta de David pues no creía que él supiera tan poco sobre María, que ni siquiera supiera que a María la habían expulsado de la escuela. Pero en vez de ilustrarlo con la noticia, siguió las instrucciones que María había dejado, por si David venía: le informó que no estaba y le entregó una nota que ella dejó para él.

Por lo rápido que Belinda cerró la puerta, él dedujo que ella no apreció su visita. Abrió la nota y cada oración le detuvo el paso en los escalones, mientras bajaba la escalera.

Sabía que vendrías a despedirte. Casi puedo ver el azul pálido de tus ojos queriendo verme por última vez antes de irte a Kenia. Ojalá el azul de tus ojos estuvieran ahora prometiendo que lo nuestro nunca se fuera a acabar. Ojalá hubiese sido yo la mujer que te inspirara ese cambio que tanto resistes. Pero no es así. Viniste a despedirte. Yo espero que las alas que me distes me sirvan para un día volar las cimas a donde tantas veces me llevaron tus besos. Sin dudas, el riesgo de tocar tan alto es que las caídas tienden a ser mortales. Así y todo, gracias por el vuelo. Gracias a ti podré decir que una vez me enamoré. Adiós, David. Yo te amo. Te necesito. Y cuanto no diera yo por ahora mismo escucharte decir: Y viceversa”.

 

La carta lo decía todo, menos dónde encontrar a María. David quiso volver a subir a preguntarle a Belinda, pero “la del 4” estaba ante sus ojos, con sus ojos color miel derritiéndose ante el “hombrazo” que miraban.

  • Ya te dije que todo lo que buscas está en “el 4”, mi rey – dijo ella.
  • Yo busco a María ¿Acaso tú la tienes?
  • No la tengo, pero te puedo decir quién la tiene.
  • ¿Cómo que quién la tiene?
  • Si quieres saber, entra

“La del 4” se dio vuelta con tal energía que dejó ver a David que debajo de su alegre falda blanca no cabían a plenitud sus nalgas. David la siguió y se quedó muy cerca de la puerta. Vio a “a la del 4” abalanzarse sobre la mesa para servir vino en un vaso, dejando ver la línea de una tanga blanca atravesar sus nalgas perfectas.

David respiró profundo y repitió su pregunta a “la del 4”: ¿Quién tiene a María? En vez de responderle ella fue a la cocina a mezclar el vino con el hechizo que ella hacía para amarrar a sus hombres: miel, sangre de su menstruación y polvo de sus uñas.

  • Vino dulce – dijo “la del 4” entregando el vaso a David.
  • ¿Quién la tiene? – preguntó David.
  • La tiene un Yuma. Un italiano rico. David se tomó un primer trago y haciendo una mueca, acusó a “la del 4” de mentirosa.
  • Se llama Luciano y se va a casar con ella. María está en Roma, mi rey ¡Así que ahora ya puedes hacerte novio mío! – dijo “la del 4” alzando su trago para brindar con el de David.

La noticia hizo a David terminarse el vino. Ver a “la del 4” mordiéndose los labios zumbó a David a la puerta.

  • Y tengo el número de teléfono de María en Roma. Por un “palito”[1] y unos dólares te lo doy todito, mi rey – le dijo “la del 4” tocándose los adentros de su tanga.
  • Dame el número. Yo te doy los dólares – dijo David notando que a la mente le venía mucho para decir pero no a la boca.
  • Claro que sí, mi chini lindo. Si yo sé mis hechizos te van a regresar “muertecito” a mí. A estas nalgas se entra pero no se sale – respondió “la del 4” subiendo la falda en camino a su cuarto.

Ella regresó con el teléfono de María en Roma en un papelito y lo puso dentro de su tanga blanca para que David tuviera que sacarlo de allá adentro. Voló a Siboney con deseos de llamarla en ese momento, pero antes de llegar al teléfono tuvo que pasar por el baño. Ahí le comenzaron los vómitos.

Esa noche, además del hechizo, vomitó todo lo que había comido en la semana. Sus ojos se tornaron grises. Y en vez de a María, llamó a la rubia para que lo llevara al hospital. Allí los sueros le devolvieron vida al cuerpo. Tres días después, el teléfono de la sala de hospital sonó y una enfermera le avisó a David que la llamada era para él. En su desvarío, él pensó que podría ser María pero, al responder, era la rubia para decirle que esa noche iba a buscarlo para llevarlo a casa.

Ya en Siboney, la sopa que ella preparó le asentó. El azul le regresó un poco a los ojos pero nada llenaba los vacíos luego de la bomba que escuchó sobre María. Ni sexo con su colega, ni un desayuno a la cama en la mañana.

Al día siguiente, regresó a ver Belinda y entró “al 6” sin que Belinda lo invitara.

 

[1] Modismo cubano al acto sexual. Dícese igualmente “echar un palo”.

 

Continuará…

Por Jocy Medina

HavanaDura_Prelaunch v2 HABANA DURA, en Amazon: relata las aventuras y desventuras de una holguinera que huye a la Habana a hacerse mujer, sin imaginarse cuán difícil la Habana se lo haría. Es un retrato de Cuba en los 90s, un homenaje a la idiosincrasia cubana donde solo a golpe de amor, ron, sexo y mucha picardía, se sobrevive.

 

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5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. guillergalo dice:

    Tengo que empezar a leer toda esta narrativa tuya que me atrapa con historias de viajes y de amorres, esas tierra que tengo entre mis cejas y mis sensibilidades. Gracias por escribir y persistir para quienes queremos ser tus seguidores.

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    1. jocymedina dice:

      el placer es mio amigo, ya pronto sale la novela en libro y tendre que borrarla del blog, me alegro que la haya disfrutado mucho, aqui le dejo el enlace en Amazon por si quiere recomendarla a sus amigos. Un abrazo inmenso. https://www.amazon.com/dp/b01kp8wxb0

      Habana Dura relata las aventuras y desventuras de una holguinera que huye a la Habana a hacerse mujer, sin imaginarse cuán difícil la Habana se lo haría. Es un retrato de Cuba en los 90s, un homenaje a la idiosincrasia cubana donde solo a golpe de amor, ron, sexo y mucha picardía, se sobrevive.

      En el blog leerla es GRATIS. Pero si eres de los que gusta tocar, oler, y abrazar los libros, la novela saldrá en libro en el verano del 2016. La puedes comprar ya en formato e-book en Amazon: https://www.amazon.com/dp/b01kp8wxb0

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    2. Alessandra dice:

      Hola Joyce un placer saludarte, tu novela me fascinó trate de bajarla en Amazon pero me dice que no está disponible para Mexico, donde lo puedo conseguir??
      Un abrazo y muchas felicidades

      Le gusta a 1 persona

  2. luigi dice:

    Al leer todo esas cosas que esperan las cubanas de los yuma llego a la conclusión que ni el cubano commun las entiende y las satisfacen? No sera Fidel el que amarian de veras osea al que mas odian? Porque bien parecido fue y mil dejo enamoradas y eso sin saber bailar salsa!!!

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