Crítica literaria: Paraíso a lo cubano

Es la concentración relativa de esos tres ingredientes, amor, poder y dinero, que define si tener sexo es un acto erótico y emancipador o un acto mecánico y opresivo.”

Yo estaba leyendo The Origins of Totalitarianism de Hannah Arendt, cuando por una confluencia de circunstancias descubrí Paraíso a lo cubano de Jocy Medina. Puse la obra de Hannah Arendt a un lado, para leer la novela y es así que me di cuenta que había una conexión entre las dos obras. Mientras la obra de Hannah Arendt analiza el surgimiento del Nazismo y del Estalinismo que, según ella, son formas típicas del totalitarismo, la de Jocy Medina nos hace vivir o recordar la cotidianidad de la vida bajo la dictadura. Pues el objetivo final de una dictadura es lograr que esté presente en los momentos más íntimos de nuestra vida. Hay que contar con ella o resistir para hacer todo, hasta decidir con quién acostarse, cómo y cuántas veces hacer el amor.

Con un piropo de un borracho “aquí muerto de hambre, ¡y tú con tanta carne en esas nalgas!” Paraíso a lo cubano plantea desde la primera página el binomio mujer/comida o cuerpo/comida que es una de las telas de fondo de la novela. Me vino a la mente un poema haitiano que describe el cuerpo de una mujer como un bufete. Me gustó mucho el triángulo púbico Amor, Poder y Dinero que, traslado en el barrio de Buena Vista de la Habana, se convierte en luchar para amar (y por amor), luchar contra la violencia (acoso y chantaje) y luchar por el pan del día. En este coctel, es la concentración relativa de esos tres ingredientes que define si tener sexo es un acto erótico y emancipador o un acto mecánico y opresivo. Lo que permite calificar al acto sexual es la forma en que se consigue, no con quien o como se hace. Por ejemplo, tener sexo con un turista y conseguir de él que compre calderos lujosos equivaldría a jinetear, es decir prostituirse, en los ojos de un chivatón equipado de una cámara. Pues los hechos lo probarían; como dicen, “una foto vale más que mil palabras.” Pero para el observador que tiene acceso al alma de los personajes, el lector de la novela, se trata de un acto de amor, acaso rebelde, seguido por circunstancias amargas de la vida. Pero, en la vida real, ¿quién tiene acceso al alma de los demás?

Paraíso a lo cubano es un excelente thriller. Jocy Medina logró frustrar los intentos del lector de anticipar lo que va a suceder. La novela tiene muy buen ritmo y ninguno de los obstáculos que enfrentan los personajes son inverosímiles. La autora supo guardar hasta el último párrafo el desenlace y conectarlo con los primeros momentos de la historia. Es una forma de recordarnos que a veces tenemos que volver a lo básico.

Algunos pasajes de la obra fueron, desde mi punto de vista, chispas de encanto. En el partido final de voleibol, “las cubanas ganaron a las brasileñas” y Dalia conquistó el corazón de Joao; el acto sexual sin amor entre Waldo y Wilma en la cocina y la carne de puerco, seguramente de contrabando, que se vuelve chicharrón; Dalia escapándose de la puerta trasera del hotel en que iba a salir violada, dejando a un cliente en la bañera, y el olor triplicado a peste de la basura. Y otras cosas por el estilo.

 “Sabemos que las mujeres violentadas de Buena Vista, pero no sólo las de este barrio, no tienen donde esconderse.”

Otro aspecto interesante de la novela, es el relato de la realidad de las mujeres del Sur para quienes la casa propia (la de Rosa, Dalia, Felicia y Vilma) es el lugar más peligroso en que pueden estar. Cuando Waldo quiso violar a Dalia bajo su propio techo, ella encontró refugio, no en otra casa, sino afuera, en “el parque de los árboles gigantes”, antes de volver al mismo lugar pocas horas después. Sabemos que las mujeres violentadas de Buena Vista, pero no sólo las de este barrio, no tienen donde esconderse. Y es por eso que Paraíso a lo cubano es una novela emocionalmente exigente. Habla de la situación que muchos logramos escapar.

Para los que, como yo, nacieron y vivieron bajo la dictadura, la de Duvalier en mi caso, y en la pobreza, todo cuadra. La representación del barrio de Buena Vista, que no he tenido el gusto de conocer, me llevó años atrás en los lakou (vecindades) de Puerto-Príncipe: la promiscuidad, el chisme, la falta de privacidad, el sexo carente de erotismo, la delincuencia, la banalidad (diría Hannah Arendt) de la prostitución y de la violencia contra la mujer. En este ambiente asfixiante nunca falta un Waldo, el jefecito que se cree todopoderoso y que abusa de su propia gente para crearse la ilusión de que forma parte de los de “arriba.”

Los personajes del barrio Buena Vista no son ni héroes o anti-héroes, acaso Waldo. Son seres humanos de carne y hueso que se equivocan con la intención de hacer bien o que hacen maldades porque se creen más listos que el sistema y capaces de escapar individualmente de su mediocridad colectiva.

Escribir es un acto valiente. Describir la realidad en su crudeza necesita todavía más valor.

Antes de leer, Habana Dura, la otra novela de Jocy Medina, quiero terminar la lectura de The Origins of Totalitarianism. Los argumentos de la ciencia política de Hannah Arendt se entienden mejor a la luz de los acontecimientos del mundo de hoy. Es el papel de los novelistas de tomarnos de la mano, como lo hace muy bien Jocy Medina, por las calles y los barrios bravos en donde la vida real, la que sí vale la pena, se vive.

Hugues H. Lherisson

Twitter @hlherisson

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