Al otro lado

Me hirió a morir, y aun así me ama. Me ama tanto como yo lo hiero todavía de este lado. Porque no existen ápices de dios, ni dioses en pedazos. Solo existe un Dios en este duelo. Decir que no lo amo sería quedarme sin mentiras. Llenar sus globos con la míos. Quedarme con copias…